jueves, 22 de mayo de 2008

Sin título e incompleto (ESTIGMA)

¿Quieren que lo complete? Bueno, entonces déjenmelo dicho...


Iván estaba espantado con lo que veía. Dos grandes agujeros abiertos en sus muñecas y un tremendo dolor de cabeza. Luego un hilo de sangre en el suelo y sus gritos que se apagaban en la inmensidad de su habitación.
El orfanato nunca había estado tan vacío como en esa época. Dos de las monjas habían llevado a los chicos a un viaje a las montañas, pero Iván estaba enfermo, el no pudo viajar.
Estaba sólo en el gran salón llorando. Gritaba desesperado porque alguien lo ayude, pero era en vano. Todos creían que estaba loco.
Corrió por toda la habitación gritando y golpeando las puertas y ventanas pidiendo alguien que lo atienda. Se estaba muriendo. Tenía dos heridas en sus manos y se estaban abriendo de nuevo las cicatrices de sus pies. Su cabello estaba empapado en sangre, así como su espalda, que parecía haber sido muy golpeada.
Emilio, el sacerdote a cargo del lugar tenía una pesadilla esa noche. Soñaba que el demonio devoraba una por una las habitaciones y cuando llegaba al salón del centro se detenía y salía huyendo. Al abrir la puerta del salón sólo encontró un río de sangre.
Se despertó de golpe y sintió que debía apresurarse.
Iván se desmayó. Había perdido mucha sangre, era muy chico para eso, sólo tenía catorce años.
De repente el tiempo se detuvo por un instante. Emilio, temeroso abrió la puerta del salón. Encontró allí la gran cruz rota en pedazos y a un costado el cuerpo de Iván todo lastimado, con grandes heridas en sus manos y pies. Lo tomó en sus brazos y lo sacó de allí.
Cuando Iván despertó al día siguiente sentía que nada había sucedido.